Tuesday, February 23, 2010

Lecciones de la Gran Depresión

De un tiempo a esta parte, numerosos analistas han realizado mil y un análisis sobre las diferencias y similitudes de nuestra crisis actual con la Gran Depresión que caracterizó los años 30 del pasado siglo. Sin embargo, muchos de estos análisis, no todos, adolecen de graves errores conceptuales cuya influencia en nuestra particular crisis pueden ser demoledores.

Durante años, la vulgata oficial culpaba al capitalismo liberal como origen de la Gran Depresión. El discurso rezaba que Hebert H Hoover, republicano, habría respondido al crac bursátil de 1929 con las fuerzas del mercado y el equilibrio presupuestario para devolver el crecimiento económico. Esto no tuvo efectos, y sólo la determinación de Franklin D Roosevelt desde 1933, bajo el prisma keynesiano, y pese que ganó las elecciones prometiendo bajadas de impuestos, hizo posible la recuperación de la economía americana. Esta tesis, es la comúnmente aceptada. Sin ir más lejos, el pasado domingo en La Vanguardia, Xavier Batalla (que es tanto lo que sabe de Irán, como lo que ignora de economía) caracterizaba a Roosevelt como el salvador de la economía americana y “reinventor” del capitalismo.

Sin embargo, esto no es cierto. Para empezar, Hoover fue un gran socialista (Bernaldo de Quirós señala como para Benjamín Anderson, a la sazón economista jefe del Chase Manhattan Bank, Hoover fué el fundador del New Deal) que se embarcó en enormes planes de intervención y planificación para hacer frente a la crisis sin precedentes en la historia: fijación de salarios en niveles incompatibles con el empleo, subsidios masivos a empresas en dificultades, aumento del gasto público, inversión en obra pública. Resultado: postergación de la crisis, dejando a EE.UU. en una situación de depresión extrema con una tasa de paro del 25 por 100.

Este plan de intervención de corte keynesiano para salir de la crisis se acentuó con la llegada de Roosevelt a la Casa Blanca en 1933. En efecto, la nueva administración demócrata aprobó la National Recovery Act que inundó de regulaciones los mercados, eliminó competencia y el ámbito del mercado, y sobretodo impulso numerosas medidas que distorsionaron enormemente la estructura de precios en la economía. Estas distorsiones en los precios distorsionó el funcionamiento de los mercados postergando el inevitable ajuste, y condenando la economía de Estados Unidos a un largo letargo del que no salió hasta los comienzos de los años 40. Como señala Lorenzo Bernaldo de Quirós, Roosevelt y su New Deal consiguió “una depresión dentro de una depresión”. No en vano, la tasa de paro en EE.UU. no bajo del 14 por cien hasta 1941. Como siempre, los datos son muy testaduros con los mitos (se pueden consultar en el Bureau of Economic Analysis).

El corolario de todo esto es muy simple: los macroproyectos de gasto públicos impulsados desde el prisma del New Deal no ejercieron ningún estímulo a la economía sino más bien todo lo contrario: las subidas impositivas para financiar tan ingente cantidad de gasto público tuvo un efecto perverso sobre la inversión privada deprimiendo aún más la economía estadounidense. En efecto, los abultados déficits no sacaron a ningún país de la crisis. Así pues, la Gran Depresión fue un producto directo del intervencionismo más radical en la esfera monetaria primero, y fiscal después.

[Via http://luistorras.wordpress.com]

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